viernes, 21 de agosto de 2015

El Heredero.

El Heredero.

Junto al río, fue encontrado un bulto. Atraída por el llanto, lo halló una lavandera. Al sol de la mañana, lo alzó. En el pecho del niño brilló una medalla que la mujer, esa tarde, canjeó en la feria.

Poco después, a su casa se presentó un hombre alto que no sonrío nunca. En la mano traía el bronce. Dijo que el niño era hijo de la Reina y que, un día, el trono sería su derecho.

Desde entonces fue educado para el mando y el gobierno y cuando tuvo edad optó por su destino. Las escaramuzas fueron pocas. El niño, ahora Hombre, fue coronado junto al río.

En su corazón hubo virtud. Su reinado fue próspero y justo. Siempre gustó de andar por la rivera.

Una mañana como tantas, vio niños desnudos en el agua poca y la torva espalda de las lavanderas. Una vieja decrépita que entre todas yacía, se alzó y, con esfuerzo, se acercó. Extendió el brazo. La mano asía la medalla. La boca vacía dijo:

Mi niño, mi niño el Rey.


Sergio.

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