“¿Para qué crean un
hospital dental en el sur si nosotros no podemos pagarnos una muela?”
Gorila
mujer, dicho al paso en Plaza de Bigand, después de mirar la Luna.
De las muchas, muchísimas
estupideces que he escuchado en mi vida (el 99% desde el 2008 a la fecha), la
que da título a la nota es una de las mayores. Vaya como ejemplo de la
decadencia moral que se ve descubierta (y denunciada a gritos) nuestra
honorable clase media.
Como todos los jueves, viajé a
Bigand para dictar dos talleres. La actividad cultural desarrollada por la
secretaría de Cultura y Educación de Bigand no tiene par. Articula ésta talleres
de cerámica, dibujo, telar, telas, escritura, natación, danza de unos ocho o
nueve estilos, idiomas como para dar la vuelta al mundo incluido el chino, y
todo lo que quieras imaginarte. Si decís un área y David Martino no la incluido
en un taller, te pago un asado a vos y a toda tu familia. ¿Arriesgarías Magia? Hay
magia. ¿Susurrarías cine? Hay cine, actuación, circo, acrobacia y toda puta
cosa que se cruce por la zabeca. En esa menesunda culta estamos nosotros,
enseñando a mover trebejos y a pispiar soles muertos hace millones de millones
de años atrás.
Usual trabajamos en las
instalaciones de la escuela primaria, hermoso edificio mandado hacer por el
Perón que a su lado tuvo a Eva, ya que el otro Perón, por supuesto, no sirvió
de nada, como sea para que murieran unos cuantos miles de pibes. Y qué poco
sabe de historia reciente nuestra juventud. Cundo escucho a un pibe k de ahora
hablar de Perón, por dentro me cago de risa. Pobres ; son iguales todos
los jóvenes, tienden a idealizar y no razonan una bosta. Los socialistas, por
ejemplo, tener en su historia la ignominia de un Américo Ghioldi e ignorar que
fue un golpista. En fin, la escuela
Octavia Ricardone de Bigand es donde Vero y yo (y mi vieja, claro) dictamos los
talleres de ajedrez y de astronomía.
Cómo
recuerdo siempre a mi viejo. Él me dijo una mañana: vos podrías vivir de
enseñar ajedrez, Sergio. Y en ese entonces no le creí. Y hoy vivo de enseñar
Ajedrez. Qué bueno se siente haber tenido un padre que nos aclare el camino. Pero
No con herencias sucias; no con plata, ni acomodos en el banco Provincia o en la AFA o en la cooperativa; ni mediante
prebendas como es usual en estos pueblos de gringos que sin el Grito de Alcorta
aún comerían mierda, pero que hoy cortan rutas. Un padre tuve, que, al menos un día,
esa mañana, supo ver lo que yacía debajo de lo obvio.
La
cosa es que quiso la suerte -que es grela- que esta tarde la escuela estuviera
cerrada. Cualquiera se hubiera amedrentado, hubiera vuelto grupas y a casita,
calentito a tomar unos amargos. Pero un ATDL está tallado en otra madera, no al
pedo ostento ese título: ATDL. Ja, ya quisieran los giles de estopa que fuera
yo uno como ellos. Si la escuela está cerrada y no tengo los tableros… ¿para
qué llevo encima un pequeño telescopio de bolsillo? ¿Para qué en el alto cielo
brillaban Venus, en fase escueta; Júpiter, bajo y feo pero con sus cuatro
puntos; el alto Saturno, Arcturus y la bella, bellísima Luna? Enseguida armé a Lumbricita,
un refractor de 70mm de cacerola, con perdón de la palabra, y 900 de focal, sobre
la EQ5 motorizada.
Los
pibes se prendieron a los astros y yo a alentarlos, mira que mira. Enseguida llegó
Vero con sus amargos infaltables. Y mi vieja en el fono: hoy no voy, me siento
chueca. No hay drama, vieja, después paso. Y nos pusimos a disfrutar del
terminador, y de los altos picos que sigilosos comenzaban a brillar aquí y
allá, en el centro de los cráteres más oscuros.
En
esa magia nos perdíamos cuando vi que dos, tres veces pasaba un hombre,
caminando. En la cuarta paró, lo invitamos a meter ojo en el discreto
Lumbricita. Disfrutó el hombre y y largamos la lengua, que los soles esto y lo
otro. La charla linda, el tipo avezado, conocedor del tema, de los lugares,
oriundo de Los Toldos… en eso cae una mujer, de unos…? Fue candidata a la
Comuna hace unos años. Mira la naifa y dice una intelectualidad
que omito, referida a los peligros de agacharse en público para otear el cielo
a través del refractor. Mira, entonces, y dice:
Cuando
sea vieja quisiera tener un telescopio.
Sin
chistar le digo,
Mirá,
es muy fácil, un telescopio bueno vale mucho menos que un celular.
El
hombre que afable observaba desde antes y que con nosotros charlaba, acota:
Sí,
tengo que arreglarme una muela y me sale 4.500 morlacos… menos que un celular.
Sí, salta la otrora candidata por la
democracia argentina, Vengo de escuchar por cadena nacional a
Cristina, estaba inaugurando allá dónde es ella una clínica para cirugías
dentales gratuitas… vos decime… ¿Para qué inaugura en el sur una clínica gratuita
si acá nosotros no podemos pagarnos un diente?
A
dios gracias estoy acostumbrado a estas estupideces. ¿Qué mierda tiene que ver
que ella no pueda (sí que puede) pagarse un diente con que los Santacruceños
tengan dentadura free? Nada, niente, absoluto insulto gratuito. ¿Por qué cree
toda esta gorilada cree todos los que encuentran a su paso son estúpidos?
Ya
lo he aclarado hasta el hartazgo: soy socialista, creo en lo que me enseñó Estévez
Boero (cosas que nada tienen que ver con lo que Binner pregona, aclaro), pero
jamás le voy a negar al gobierno nacional lo que ha hecho de bueno, y que es
muchísimo.
En
fin, que mirando las estrellas uno tiene las orejas en la Tierra.
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Si
te quedaste esperando una moraleja, esta historia no la tiene, tan solo fue
narrar lo que sentí, al pié de un telescopio, el día en que inauguraron una clínica
dental del sur.
Sergio